
Fuente y más fotos del autor: Arquitectura Viva
Fuente y más fotos del autor: Arquitectura Viva
El dramaturgo Piscator, uno de los mayores referentes del teatro alemán prebélico, en la búsqueda de la democratización de este, reniega de los grandes escenarios en los que interpreta sus obras, pues son anacronismos feudales en los que se separa a la sociedad según su extracto social. Es por eso que le encarga a Gropius el diseño de un teatro que sea capaz de hacer justicia y al mismo tiempo, incrementar las posibilidades escénica de las obras grandilocuentes que escribe.
Para ello, el director de la Bauhaus concibe un patio de butacas y orquesta giratorios, pudiéndose convertir en teatro unidireccional enfocado a la escena, o en cámara sinfónica según su uso. O más aun, permitir a Piscator acercar la obra al público de forma más íntima, si los diferentes actos así lo requieren.
El hecho de cambiar el punto de vista del espectador acercándole la representación, convertirla en más íntima o espectacular, ayudando así al hecho escénico, es hoy solo comparable al cine y demuestra el poder que tiene la arquitectura para manejar nuestro sentir en post de las intenciones de su arquitecto.
Inmediatamente me viene a la cabeza el más afamado truco de magia de David Copperfield, en el que hizo desaparecer la estatua de la libertad y que se muestra en el vídeo abajo añadido.
Al igual que Gropius en su Teatro Total, lo que el mago hace es girar el escenario, en este caso sin que el espectador sea consciente de ello, para una vez cambiado su punto de vista, hacerle creer lo que el director de escena quiere que crea. Si para Piscator la intención es hacer la obra teatral más íntima, Copperfield hace "desaparecer" la Estatua de la Libertad.
Este efecto también pone de manifiesto la necesidad de puntos de referencia en la arquitectura. Si nuestros diseños han de responder al entorno en el que se plantean, el hecho de ser conscientes de aquello que nos rodea, nos hará entender mejor el edificio que habitamos, pues de no ser así, podremos engañar a la percepción humana como el mago hace deliberadamente en su truco.
Enlace a un vídeo en el que se muestra cómo Copperfield realiza el efecto: Vídeo
Nos encontramos ante una situación a mi parecer muy extraña, pues en las salas museísticas de hoy en día, parece que se quiere negar toda iluminación natural, en favor de la artificial. Así se pretende garantizar la idoneidad lumínica en unos espacios cada vez más polivalentes. Sea cual sea la obra mostrada, esta disfrutará de las condiciones que el artista desee.
Un claro ejemplo es el Caixa-forum. Un volumen casi escultórico, que apenas si abre pequeños orificios por los que dejar pasar la luz natural, pero solo en espacios no expositivos. Las dos fotografías son un buen ejemplo de ello, enseñando lo impenetrable de sus fachadas y la oscuridad de su planta recibidor.
Entonces, ¿acaso este es el futuro?, ¿deberemos hacer museos en los que no exista la noche y el día?, ¿acaso la luz natural no puede ser controlada?. Las técnicas empresariales de El Corte Inglés, exigen que sus centros comerciales urbanos no tengan aberturas a la calle, pues así tu mente se evade del mundo exterior y solo se centra en consumir, siendo muy normal, entrar con el sol aun presente y salir en plena noche cerrada... ¿esto es lo que queremos en nuestros museos?.
Los museos de arte del mañana, hoy ya en muchos casos, parecen avocados a acoger tan solo exposiciones temporales, o en el mejor de los casos, una reducida presencia permanente, lo que nos obliga a los arquitectos a pensar en la multi-funcionalidad de estos. Hemos de ser capaces de mostrar todo tipo de cuadros, esculturas y vídeo. ¿Pero, cual es la forma más adecuada de hacerlo?.
Ampliación del Museo del Prado, Madrid. Arq: Rafaél Moneo.
Me niego a pensar que sea la única forma de exponer en nuestros tiempos, la de cerrarnos al exterior y negar el paso de luz natural. En la ampliación del Prado, Moneo tubo que lidiar con esta temática, pues en las nuevas salas por él dispuestas, solo se expondrían colecciones temporales, y aun así, introdujo desde la cubierta la luz necesaria para iluminar hasta tres plantas por debajo de esta (imagen), mediante un tragaluz.
De igual modo, Siza en Santiago convierta a la luz natural en protagonista y esto no ha impedido que cualquier tipo de artista haya expuesto su obra en idóneas condiciones. Lo mismo podemos decir de Mangado en el museo de arqueología de Vitoria y sus tragaluces que atraviesan planta tras planta y un largo etc.
Es una nueva sección que empiezo hoy esta de fotografías históricas, y que siempre había estado tentado en hacer. A partir de ahora, espero que me asesoréis aquellos que sabéis de fotografía y me aconsejéis sobre qué fotos añadir. Tengo algunas en mente, pero no demasiadas.
Esta la he descubierto en clase hablando sobre la escala. La pregunta de la profesora ha sido: ¿es Gulliver y los liliputienses?. Ciertamente la mano con la tabla es una imagen fácilmente reconocible, pero para la época, el ciudadano de a pié debía quedar sorprendidísimo con ella.
Creo que se trata de la construcción por partes del hoy emblema estadounidense, en los talleres que el señor Eiffel y compañía tenían en Francia, antes de su traslado a América en donde sería ensamblado. La magia reside en que no concebimos la estatua sino es al completo, por lo que al no poder ver cómo está asentado el fragmento mostrado, imaginamos que la sala capturada en la imagen es una planta décima, habiendo un gran vacío por debajo en donde continuaría la gran señora que parece caminar ante la muchedumbre de enanitos de su alrededor.
Como atestiguan estas representaciones encontradas en Knosos, el toro, al igual que otros animales extintos en Europa como el león, formaba parte de la fauna del mar Mediterráneo, y como hoy ocurre en España, también de las culturas de sus pueblos. Pero en la época del Imperio Romano, estos animales dejaron de existir por su exposición en juegos de anfiteatro, o domesticación en vacas lecheras y bueyes de carga, salvo en Hispania.
Recortador saltando un toro.
Así pues, lejos de querer entrar en polémicas, no podemos sino reconocer que la tauromaquia de hoy en día, no es sino la evolución de una cultura milenaria, que se ha ido reglando en post de un espectáculo artístico. Ya se esté a favor o en contra de él, nadie negará el valor de este y la necesidad de preservarlo, pues ningún anti-taurino se opondrá a la lucha en inferioridad que encierros y recortadores suponen, sin sufrimiento físico alguno para el animal... ¿o sí?.
En cuanto a las polémicas acerca de las corridas, escuché una reflexión no hace mucho en mi opinión muy acertada: Los toros terminarán cuando la gente decida que han de terminar, esto es, cuando el público termine de ir a verlas y dejen de ser un negocio. Y ciertamente, quien sabe de toros, reconoce que hoy en día esta industria solo da para sobrevivir con dignidad, los afortunados, y no para forjar grandes fortunas... excepciones muy contadas aparte.
Seguramente sea en la proximidad, donde estos diseños tengan más similitudes. Ya sea por su "desorganización" aparente, por la clara diferenciación de plantas con los forjados como única superficie opaca en fachada, o la aparición de vuelos y sus correspondientes terrazas.
Pero de entre las dos, la del holandés en Bangkok, me llama más la atención. Me gusta el concepto de un prisma perfecto, impenetrable, invariable, rasgado por un enorme "felino" que nos ha permitido ver las entrañas y desnudarlo, haciéndolo más vulnerable. Para ello espero que OMA diseñe un tipo de vidriera diferente para los dos tipos de fachada, la perfecta y la de la brecha, potenciando así el concepto.
Aunque he de decir, que tienen un cierto tufillo a post-moderno que me asusta. La apilación de cajas por que si, empieza a ser un nuevo referente en la arquitectura contemporánea, la cual se está convirtiendo en puro visualista a pasos agigantados. No descubro nada nuevo.
Pero la natura, en su sabiduría, no cesa en el empeño demostrándonos su saber hacer, como en la potente columna en la que se ha convertido esta pequeña cascada oscense.
Al margen quedará en mi anecdotario la nevada sufrida el domingo noche, regresando de recoger a un amigo en Atocha y que por la inexperiencia de los conductores con los que compartía vía, terminó siendo una odisea. El miedo bloqueó a algunos, parándose en mitad de la autovía en espera de un quita-nieves. Otros más arriesgados, perdían el control de sus coches y chocaban sin remedio contra las protecciones laterales, entorpeciendo más el tráfico. Pero sobre todo, el desconocimiento del uso de las marchas y los pedales en las cuestas heladas, hacía que aquellos que si lográbamos subirlas, tubiésemos que esquivar a los que no, como si de un eslalon inverso se tratase.
Dos horas retenidos, más 45 minutos de conducción para realizar los últimos 12 kilómetros que nos separaban de casa.
Ceremonia audiovisual, en conmemoración de la capitalidad española de la Unión Europea.
No creo que descubra nada nuevo a aquellos que prestan atención a este modesto blog, si manifiesto mi ferviente europeísmo. Por ello, tampoco os sorprenderá mi ilusión y apoyo a la ceremonia audiovisual que tras las tradicionales campanadas en la puerta del Sol de Madrid, dio la bienvenida a la presidencia española de la Unión. Un juego de luces y colores que haciendo mención a los 27 países miembros, mostraron la conciencia europea de los españoles, subrayada de forma espontánea y emocionante por los congregados en la plaza, quienes corearon el Himno de la Alegría de Beethoven (himno europeo). Un derroche artístico, que nos recuerda a la inauguración del nuevo museo de Atenas
Destacó el espectáculo, por la sensibilidad con la que el alzado luminoso de la fachada se plegaba sobre si mismo, y cómo los edificios más característicos de cada país, encajaban perfectamente en las formas y el lenguaje clásico del antiguo edificio de correos, coincidiendo la entrada principal con el Arco del Triunfo de París, o haciendo que el Puente de la Torre de Londres, alzase sus pasarelas.