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martes, 19 de abril de 2011

Redescubriendo la iglesia-fortaleza de Ujué / Uxue

En la Navarra media y dominando la primera de las sierras prepirenaicas, encontramos la iglesia fortaleza de Ujué, a escasos kilómetros del palacio de Olite. Un punto estratégico desde el que el incipiente reino medieval de Pamplona controlaba la ribera del río Aragón y el valle del Ebro musulmán.

La tradición cuenta que una paloma entrando y saliendo de una cueva, llamó la atención de un pastor que fue a inspeccionar la cavidad. En ella encontró la imagen de una virgen, punto en el que terminarían edificando el templo, en torno al cual creció la villa.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Dominando el valle

Castillo de Torija, Guadalajara.

Tras pasar la ciudad manchega de Guadalajara por la A-2, dirección Zaragoza, nos introducimos poco a poco en un valle cuyo comienzo lo marcan unos importantes cortados arcillosos, de diferentes tonalidades rojizas y bosques de pinos. Es el comienzo de unos breves, pero preciosos minutos de paisaje en movimiento.

Curva tras curva, nos adentramos en el modesto valle en busca de la ascensión a la altiplanicie alcarreña que une las dos mesetas castellanas, así como los sistemas montañosos ibérico y central. Pero por sorpresa, justo antes de alcanzar la exigente última cuesta, divisamos esta fortaleza del siglo XV que aun hoy domina esta ascensión. Una imponente arquitectura pétrea que nos vigila y guarda en el camino y que viaje tras viaje de vuelta a Tudela, me regala unos instantes placenteros. Tras el castillo, solo quedan interminables kilómetros de rectas a 1000 metros de altitud y yermos paisajes, que bien hacen justicia al dicho de "ancha es Castilla".

Solo un detalle quebranta la experiencia, y es un extraño comercio de carretera en mitad de este valle que por la noche viste llamativas e intermitentes luces de neón... me pregunto qué será.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Otro giro por Italia: Emilia-Romagna

Ferrara: Plaza de la catedral desde el castillo de San Giorgio.

La beca que me concedieron para realizar el taller "pratiche urbane in spazi altri", me llevó de nuevo a Italia por cuarto verano consecutivo. Así que me embarqué sin conocer nada del destino, tan solo su situación geográfica, y la sorpresa no pudo ser más mayúscula. La modesta ciudad, al menos en tamaño, disfruta de un casco antiguo amurallado por magníficos lienzos y baluartes renacentistas de ladrillo, enmarcando un conjunto histórico que atesora innumerables monumentos dignos de conocerse.

Ferrara: Castello di San Giorgio.
El castillo de la familia gobernante de la ciudad, hasta que cayó en poder de los estados papales, sigué dominando el centro de la ciudad, situándose en el cruce de las principales calles de esta y dando acceso a la plaza de la catedral. Fabricado en ladrillo y rodeado por un contundente foso, conserva todabía los puentes y mecanismos que lo podían aislar ante enemigos, o el propio pueblo sublevado. Su interior es magnífico, estando decorado con preciosos frencos, además de permitirnos tener las mejores panorámicas de la ciudad desde la torre de los Leones.

 
Ferrara: Interior de la Catedral.

Se trata de un magnífico templo románico y ciertos elementos góticos, que en su interior viste estética barroca. Un estilo románico que dista mucho del español, luciendo una técnica constructiva más evolucionada, más compleja, como si el imperio romano y su ingeniería hubiese logrado mantener cierto poso de habilidades en la Italia medieval.

Está conformada por una nave central y tres transceptos, algo paradójico y que le aleja de cualquier planta arquetípica de templo católico y me recuerda más a la basílica Magencia del foro romano.
Ferrara: Via delle Volle
Pero no podemos hablar de la ciudad, sin nombrar su urbanismo. Ferrara ha tenido la suerte de tener unos dirigentes que siempre comprendieron la necesidad de planificar el crecimiento de la urbe, por lo que esta goza de un urbanismo ejemplar a lo largo de los siglos, durante los que se fueron perfilando sus calles y avenidas. Además, hoy disfruta de un casco histórico prácticamente peatonal y practicable en bici, lo que nos transportará en ocasiones a los Países Bajos, por la cantidad de ferrareses que se desplazan sobre dos ruedas.

En la imagen podemos ver una calle de origen medieval. Se desconoce por qué se permitía construir por encima de esta, sospechándose que podía unir las tiendas de los mercaderes con sus casas y almacenes.

No sería justo tampoco olvidarme de Cesena y Bologna, pero lo cierto es que pese a no desmerecer en absoluto la visita, la ciudad de Ferrara las eclipsa en mi humilde opinión, teniendo bien merecido ser considerada Patrimonio de la Humanidad.

domingo, 8 de agosto de 2010

Paraisos cercanos

Sima de Grisel, cerca de Tarazona (Zaragoza)

En ocasiones, como este verano, las ganas de moverte, viajar y descubrir nuevos lugares y experiencias se han de acotar a tus proximidades. Es por ello que tomando un café, se planean las excursiones más inauditas, con resultados sorprendentes. Esta al Moncayo fue una de ellas.

Este modesto monte de poco más de 2000 metros y muy próximo a mi ciudad, sin embargo no deja de asombrarme en cada visita. Y la foto de arriba es buena prueba de ello. Se trata de la sima de Grisel. Es un tesoro tan escondido que tan solo con alguien que ya conozca su emplazamiento, seríamos capaces de encontrarla. Al final de un camino y cruzando por fin un campo de árboles frutales, llegas a un conjunto de zarzas que apenas si dejan vislumbrar la imponente oquedad en el terreno. Ya más cerca, se abre ante ti una puerta como la que describe Julio Verne para entrar al centro de la tierra, llena plantas de todo tipo que o bien disfrutan de la humedad y sombra de la piedra, o tratan de trepar hasta la salida en busca de la luz solar. Todo ello amenizado por el constante transcurrir del agua. Por suerte tras bajar un corto tramo de escaleras, alcanzamos un balcón desde el que disfrutar del espectáculo.

P.D. Las fotos no hacen justicia a la verdadera escala de la gigantesca Sima.

miércoles, 7 de abril de 2010

Mundos paralelos, en el norte de Navarra


Zanpantzares de Iturre, camino de Zubieta. Valle de Santesteban / Donestebe, Navarra.

En los montes donde se juntan las cordilleras cantábrica y pirenaica, se encuentra un conjunto de valles de profundo carácter propio, de marcada personalidad tan antigua como sus piedras. Son los lares que ni los romanos pisaron y en los que se enraizó la lengua que hoy conocemos como Euskera, pero no el invento "peneuvista" del S.XX, sino el que se transmitía de padres a hijos a lo largo de miles de años y que hoy sigue siendo idioma madre para sus moradores.

Tierra de brujas y espíritus entre perpetuas brumas, que sus habitantes en procesión y vestidos con las pieles de sus animales y cencerros, tratan de espantar con el acompasado son de su caminar.

Disfrutan de la arquitectura que la experiencia de siglos les ofrece, de la sabiduría que perfeccionar sus construcciones generación a generación les aporta. Caserío tras caserío, gruesos muros de piedra aportan la contundencia propia de los montes que les rodean a sus casas, guardando los mejores y más elaborados sillares para asentar el edificio y formar las esquinas, además de reforzar puertas y ventanas, mientras los más bastos conforman el resto del muro, siendo encalados para su protección y embellecimiento. Dando un aspecto a cada municipio de blanco impoluto y curiosamente recordando a otros andaluces. La gran diferencia, claro está, al margen del paisaje, son las inclinadas cubiertas que vuelan ampliamente sobre las fachadas, confeccionadas con madera y que de vez en cuando también guardan preciosas balconadas del mismo material.
Caseríos en Elizondo, Navarra. Localidad próxima a las anteriores.

Curioso lugar aislado, cuyos valles se deslizan hacia el océano siguiendo las aguas que conformarán el Bidasoa, alejándoles de la Navarra a la que pertenecen, pero casi desconocidos para la Guipúzcoa a la que miran. Una tierra de carácter propio, de sencillas costumbres, de personas valientes, fuertes y muy aclimatadas al medio, que encuentran placer en lo cotidiano, o en la valiente y socarrona apuesta deportiva.

Un valle que atrapa a quien lo visita y que casi no permite abandonarlo a quien ahí nace. Un ámbito rural joven, que garantiza su pervivencia.

Vídeo que muestra los Zanpantzar.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Este de Alemania a mis 10 años

Fábrica de tractores en Schönebeck, Magdeburgo. 1967.

Con apenas 10 años en 1994, mi padre me invitó a acompañarle un verano recién terminado el curso, hasta Alemania, en donde comenzaría un programa de investigación entre su empresa y otra germana. Ilusionado acepté, esperando ver ese gran país que tanto admiraba mi padre por su pujanza empresarial, seriedad y modernidad. Y así fue, a cada kilómetro recorrido, pues fuimos en coche, me asombraba más de la autobahn, de ver el tren de alta velocidad sobre puentes que creía imposibles, la grandeza del Skyline de Frankfurt am Main, etc. Pero la sorpresa llegó a mitad de camino.

A punto de llegar a nuestro destino, Schönebeck cerca de Magdeburgo, en torno a la ciudad de Helmstedt, vimos al lado de la carretera una explanada de proporciones faraónicas con alambradas y puestos de control abandonados... esa debe ser la antigua frontera Iñigo... entonces mi padre me empezó a contar la historia de las dos Alemanias por entonces recién reunificadas. Lo cierto es que solía ser mi madre la que me instruía en historia, arte y cultura general, mientras que mi padre me educaba a base de viajes, de mostrarme la vida de la forma más práctica, enseñándome los retos del día a día de un modesto empresario que se abría camino a base de horas de trabajo. Juntos descubrimos los efectos de la dictadura comunista de la República "Democrática" Alemana. Justo tras esta imagen, paramos a comer en un pueblecito de enorme encanto que estaba en sus fiestas locales, con bandas ¿tirolesas?, cerveza sin límites y bailes pintorescos. Lo que nos dejó anonadados es que para acceder a él, tuvimos que circular por la vieja carretera que aun tenía carteles que anunciaban su uso periódico militar con un cartel: "peligro tanques".

Ya en nuestro destino y tras la primera reunión de trabajo (recuerdo que nuestros anfitriones calcularon que duraría dos horas y sorprendentemente así fue, dos horas exactas en las que yo descubrí junto al amigo que nos acompañaba el imponente río Elba), nos hablaron un poco del ruinoso aspecto que tenían las empresas que nos rodeaban: esa es una antigua fábrica de tractores que llegó a emplear a 2000 trabajadores (imagen), tras la caída del muro cerró... esa es una empresa que fabrica pintura, ha pasado de 400 a 100 trabajadores... esa otra... y un largo etc. Signos clarísimos de como se pasó de un día a otro de la era industrial, ya superada a este lado del telón de acero, a la post industrial sin anestesia alguna. Un choque cultural y una crisis económica que aun hacía tambalearse a una sociedad oriental teutona desorientada, desanimada y al borde del abismo. Las dos Alemanias estarían unidas políticamente, pero socialmente la brecha era más que patente.

Esa noche cenamos y dormimos en un precioso hotelito al borde de un pequeño lago cerca de la ciudad. Era digno de postal, con un denso bosque que guarecía las tranquilas aguas plagadas de aves de toda clase y unas cómodas playas en la que otros niños jugaban, pero algo rompía la serenidad y es que si alzabas la mirada sobre la copa de los árboles, aun se veía una torre de vigilancia recuerdo del control absurdo que militarmente se tenía de la población durante la era comunista. Igualmente existían puestos de estos en los cruces principales de aquella modesta urbe.

Finalmente antes de irnos cenamos por nuestra cuenta, sin intérprete, en un restaurante regentado por un chaval joven que cansado de no encontrar trabajo se había establecido por su cuenta. Fue divertidísimo para todos intentar pedir una ensalada y un filete con patatas... ¿kartofen friten?... y es que nos habían advertido que al contrario de en el occidente, el nivel de inglés o cualquier otro idioma era casi nulo, pues para evitar la contaminación occidental, el gobierno tiránico del Este prohibía el aprendizaje de otros idiomas.

BERLÍN

Tras las jornadas de trabajo y tan cerca como estábamos de la capital, decidimos ir a verla antes de regresar. Aun nos reímos recordando como nos confundimos y pasamos por debajo de la puerta de Brandemburgo con la furgoneta alquilada con las palabras "Murchante Navarra" escrita en el lateral y la banda sonora de claxon de los taxistas capitalinos de acompañamiento. Pero ese Berlín distaba mucho de ser el de hoy. La cicatriz del muro era advertida por la cantidad de obras que querían borrar su existencia suplantándolo por edificios, avenidas, centros oficiales de la reunificación, etc.

A mitad de tarde nos sorprendió una sirena como las que escuchamos en los documentales de bombardeos de la II Guerra Mundial y nos advirtieron que habían encontrado en uno de esos solares una antigua bomba del conflicto armado sin estallar y que debíamos abandonar la zona. Toda una aventura de viaje a mis tempranos 10 años.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Más fotos de Lisboa

1ª imagen: Desembocadura del Tajo y puente 25 de Abril.
2ª imagen: Torre de Belém.
3ª imagen: Monasterio de los Jerónimos.
4ª imagen: Plaza del Comercio y Calle Augusta.

Pabellón de Portugal: Alvaro Siza

Pabellón de Portugal para la Expo de los Océanos de Lisboa, Alvaro Siza.

Son unas fotillos que he encontrado mirando unos CD´s viejos. Las hice estas navidades pasadas.

Lo cierto es que este edificio, que desde lejos no nos llama mucho la atención, salvo por su vela tumbada claro está, guarda un número importante de sensaciones para el ojo ávido de encontrarlas. En la primera foto, vemos como la cubierta juega con las curvas del paisaje, con el teleférico y el puente de Vasco de Gama, remarcando con sutileza las mentadas curvas y la horizontalidad de las mismas, así como del océano. ¿Un recuerdo de la horizontalidad del paisaje que debían sufrir los afamados descubridores lusos?

En la segunda vemos la contraposición de la verticalidad y contundencia de los soportes de la vela, con esta misma. La vela que desde lejos transmite una sensación textil, bajo ella nos acoge en un entorno controlado, como si estuviésemos dentro del edificio, haciéndonos conscientes de su peso y contundencia. Al margen quedan algunas goteras que han empezado a surgir.

Pero también guarda un espacio muy diferente y oculto en su parte trasera. Una serie de "hortus" abiertos en descentrados pasos, crean ligeros recorridos que nos recuerdan a los patios típicos de la cultura ibérica, con un blanco encalado solo roto por el verde de la vegetación. Además encontraremos un pasadizo que nos reconducirá hacia la entrada y vela del pabellón, que nos recuerdan a muchas otras obras de Siza.

martes, 4 de agosto de 2009

Giro por Italia


San Gimignano, en la Toscana.

Lejos de hablaros sobre los conocidísimos centros turísticos con los que nos deslumbra Italia, me gustaría daros a conocer otros, que pese a ser también afamados, suelen quedarse apartados de las rutas.

El primero se trata de un curioso pueblo medieval (de los pocos que pueden afirmarlo en Italia tras la explosión renacentista). San Gimignano, disfrutó durante muchísimos años de una competición curiosa, en la que los nobles y los pudientes mercaderes, rivalizaban por construir la torre más alta en sus palacios, por lo que hoy goza de un sky-line de piedra y ladrillo único en el mundo. Da gusto pasear por sus calles, aunque la cantidad de turistas por metro cuadrado, nos hace lamentar no respirar un aire más auténtico.


Catedral de Siena.

Arto conocida, Siena se distingue por su fiesta del Palio y la plaza que la acoge, pero menos conocido es su Duomo. Este templo de claro carácter Toscano, nos recuerda desde su fachada a la catedral de Florencia, pero nos sorprende de forma muy grata al entrar en ella. Un espacio más pequeño, con una sección tal vez muy esbelta, en el que la decoración se hace protagonista. Columnas y arcadas que continúan con los ritmos horizontales del exterior y un "horror bacui" bien organizado, nos harán fijar los ojos en cada detalle.

Pero no menos sorprendente es su historia. El templo comenzó su construcción con un programa muy ambicioso, pero la falta de presupuesto, hizo que lo que en principio sería el transcepto, se convirtiese en nave principal, mientras que la inconclusa nave, terminase formando parte de nuevos palacios en siglos posteriores. Un mimetismo que prolonga la iglesia más allá de sus muros, haciéndola presente desde muchos puntos de la urbe. De igual modo le dota de una planta extraña, que me hizo pensar muy mucho en la situación extraña de la cúpula del crucero (eso me pasa por no leer los folletos antes de entrar).

Costa Amalfitana.

Al sur de Nápoles, se extiende dicha costa. Las ganas de un poco de relax nos hizo buscar un pueblo costero desde el que abordar al día siguiente las ruinas de Pompeya, pero la elección resultó ser más que acertada. Escarpados montes descienden en acantilados hasta el mar, queriendo salir de nuevo en forma de pequeñas islas. En dichas escarpadas costas se acomodan pueblos de infinito encanto, con interminables cuestas e innumerables miradores. Un lugar perfecto en el que bañarse y sumergirse en el carácter Italiano más parodiado, pero no por ello, menos agradable.


Advertencia: No conducir en Nápoles ni más al sur, es otro mundo.

Montes Sibillinos.

La reunión del G8, nos hizo alejarnos de L´Aquila, para el evento anual al que asisto, pero me regaló un nuevo enclave de ensueño. El Parque Nacional de los montes Sibilinos, se encuentra en en la costa Adríatica (Este) de Italia, más o menos a la altura de Roma. Es una sierra que guarda impresionantes cortados, imnóticas cascadas y postales románticas de viejas ermitas. Adentrarse en sus sendas es garantía de naturaleza, todo tipo de deportes y sorpresas.

lunes, 23 de marzo de 2009

De paseo con un fotógrafo

Al principio de este curso, uno de mis profesores horrorizado por la cantidad de fotos que aportábamos para referenciar el solar del proyecto, dijo: ¡ójala que cada foto os costase 30€! así os pensaríais muchísimo más las fotos que tiraseis y no me inundaríais de imágenes que cuentan una y mil veces lo mismo.
Inmediatamente me acordé que yo en una ocasión había paseado por Londres con Naroa y su cámara fotográfica. Lo extraño de su máquina era que hacia fotos solo en blanco y negro y que los negativos eran enormes, por lo que la resolución resultaba impresionante, pero al mismo tiempo salían carísimas, haciendo que ella recapacitase profundamente antes de disparar su objetivo.
Paseando por la orilla sur del Támesis, el Puente del Milenio resulta evidente durante un muy amplio tramo, pero según te acercas a él ves con mayor claridad las cualidades que lo unen al terreno, que lo hacen lógico e inevitable. Mi ojo enseguida me indicó una foto, una imagen que respondía a la existencia del puente. La unión visual de la cúpula de San Pablo con la Tate Modern Gallery, era esa imagen y la pasarela de Norman Foster solo era la materialización del eje focal. Pero sorprendentemente el ojo de la fotógrafa le distrae a otras escenas, escenas que aquellos que no estamos entrenados somos incapaces de adivinar.
Siguiendo aguas abajo, alcanzamos el puente de La Torre de Londres y el ayuntamiento de Norman Foster. Y de nuevo nuestras miradas entrenadas en diferentes disciplinas nos hacen mirar a lugares diferentes.

Me quedé sorprendido el día que me enseñó las fotos, pues no había sido capaz de preveer ninguna de las imágenes que ella había sabido captar. Qué diferente es mirar el mundo con ojos de fotógrafo y ojos de arquitecto, pero de vez en cuando, solo de vez en cuando, nuestras miradas pueden acercarse hasta congeniar.
Hablar en blanco y negro:

De igual modo soy admirador de como los fotógrafos son capaces de decir tantas cosas con una sola imagen, incluso cuando lo hacen sin color.
¿A caso no os vienen a la mente el color verde característico de estas fuentes y el particular sabor de su agua? y esto a pesar de ni tan siquiera ver el agua ni color alguno.